Page 502 - Limbo - Bernard Wolfe
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sus  parejas  eran  tetras  —seguros  de  sí  mismos,



            altivos:  evidentemente  aquel  club  era  un  lugar


            frecuentado por la élite—, y los giros que daban


            no se parecían a nada que Martine hubiera visto


            nunca,  aunque  había  en  ellos  ecos  de  muchos


            bailes  antiguos,  desde  el  charlestón  hasta  el


            mambo. Los hombres, una vez hubieron echado a


            sus mujeres a un lado, empezaron a dar múltiples



            saltos  y  volteretas  a  un  ritmo  espectacular;


            saltaban de pies a manos y luego a pies de nuevo,


            sin  perder  un  compás;  giraban  como  peonzas,


            daban rápidos saltos mortales; y mientras tanto


            todo lo que podían hacer sus parejas era estar allí


            a  un  lado  mirando,  oscilando  suavemente  para


            mantener  el  ritmo.  Obviamente,  los  hombres


            podían realizar hazañas de perfecta coordinación


            con sus miembros de plástico que las mujeres no



            podían ni soñar en duplicar con los suyos reales;


            y así había nacido un baile popular en el cual el


            hombre era el orgulloso y altanero exhibicionista


            y la mujer, no importaba lo experta que pudiera


            ser,  no  pasaba  de  espectadora,  cogida  por  su


            pareja en los momentos más inesperados y luego


            vuelta a dejar cuando empezaba de nuevo con su



            exhibicionismo cibernético. Siempre había habido


            más que una sugerencia de lucha entre los sexos



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