Page 227 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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Después  llegaron  los  europeos,  diciendo  que  los


           impuestos  no  podían  pagarse  en  especies  e


           insistiendo  en  cobrárselos  en  efectivo.  No  hubo  de


           transcurrir  mucho  tiempo  antes  de  que  todo  se



           pudiera  conseguir  a  cambio  de  dinero;  la  gente  lo


           utilizaba  para  comprar  cualquier  cosa,  desde


           calabazas  a  esposas.  Los  ancianos  lo  consideraban


           absurdo.




                  —Se  están  perdiendo  las  costumbres  —convino


           Jijingi, aunque se abstuvo de decir que los jóvenes lo


           preferían así, puesto que los europeos también habían


           decretado que el precio de la novia solo podía pagarse



           si  la  mujer  consentía  el  matrimonio.  En  el  pasado,


           cualquier  muchacha  podría  ser  prometida  a  un


           anciano  con  las  manos  leprosas  y  los  dientes


           podridos, sin que le quedara más remedio que casarse


           con él. Ahora las mujeres podían casarse con quienes


           quisieran,  siempre  y  cuando  el  hombre  pudiera


           permitirse el pago de la novia. El propio Jijingi estaba


           ahorrando para casarse.




                  En  ocasiones  Moseby  también  se  acercaba  a  los


           juicios, pero estos se le antojaban confusos, y cuando


           terminaban solía acribillar a preguntas a Jijingi.




                  —Por  ejemplo,  en  esa  disputa  entre  Umem  y


           Anongo sobre cuánto dinero se había pagado por la




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