Page 311 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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forradas de armarios grises y con muebles plegables


           hechos de tubos de aluminio sin gracia y plástico del


           color del césped recién cortado, un color que se burla


           de  ellos  ahora  que  han  perdido  la  Tierra.  Dos



           escritorios ocupan una parte del laboratorio, cada uno


           dominado  por  la  mirada  ciclópea  de  un  monitor


           circular  rodeado  de  interruptores  e  indicadores


           luminosos.




                  La Campana —Kendall nunca se refiere así a ella,


           sino que la llama «generador de campo de torsión»—


           no  está  en  el  laboratorio.  Está  fuera,  situada  en  el


           fondo de la cima y visible a través de una pequeña



           ventana entre los dos escritorios. La Campana no es


           un invento de Kendall, sino una Wunderwaffe nazi.


           Cuando  se  activa,  brilla  con  un  color  violeta


           sobrenatural.




                  Kendall,  sólido  y  taciturno,  con  una  arreglada


           perilla y mirada oscura, muy alejado de la imagen de


           lunático  que  podría  sugerir  su  campo  de  estudio,


           frunce  el  ceño  cuando  Peterson  entra  en  el


           laboratorio.  Voy  a  reducir  la  intensidad.  No  puedo


           permitirme quemar más componentes, dice.




                  Peterson está indignado y se le nota: Maldita sea,


           no pienso malgastar el poco tiempo que nos queda


           solo por no arriesgarnos. Quiero llegar a alguna parte




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