Page 340 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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Peterson ha vuelto a salir. Tiene el cráter Elbow a
su espalda, la Base Falcon a su izquierda y mira hacia
el norte, a través del Mare Imbrium. El suelo se aleja
de él formando una suave pendiente, llana de no ser
por los hoyos de los cráteres. Al frente, una de esas
depresiones es demasiado profunda para ver el
fondo. A cuatro millas, la pendiente lejana de otro
cráter, lleno de rocas, forma la pared de una loma baja
y chata. Más allá, aunque se parece a una duna de
arena gris alisada por el viento, el monte Hadley se
alza más de quince mil pies hacia el cielo lunar. El sol
está en lo alto, a su derecha, y proyecta unas nítidas
sombras negras. El mundo de Peterson es gris, pero
reconoce vetas de color marrón pálido, e incluso
blanco, entre las huellas de pisadas y de neumáticos y
el regolito removido. Está tranquilo; lo calman el
zumbido insistente de los ventiladores del PLSS y el
reconfortante hedor a caucho y sudor de su A7LB.
Peterson ha acabado por enamorarse de este paisaje
lunar desolado, una versión en blanco y negro del
desierto alto, lleno de detalles nítidos, pero carente de
vida.
En su día, el Módulo Lunar del Apolo 15 se alzaba
solitario en la llanura, con su rostro plateado y su
falda dorada ajenos y brillantes; un extraño visitante
que aportaba color a aquel mundo monocromo.
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