Page 338 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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aguas estadounidenses y europeas, pero en el espacio


           se  estaban  quedando  rezagados  rápidamente  y  lo


           sabían; su tecnología y  su ingeniería no  estaba a la


           altura  de  las  estadounidenses.  Finalmente,  después



           de  someter  a  Irak  y  con  el  control  de  sus  campos


           petrolíferos,  para  mayor  vergüenza  mundial,  los


           rusos se habían inventado una excusa en Alemania


           Occidental y habían cruzado la frontera por la fuerza;


           Peterson se había enterado y le habría gustado estar


           de nuevo en el TAC para poder volver a enfrentarse a


           los pilotos de combate soviéticos y demostrar quién



           tenía lo que había que tener y quién caería derribado


           y envuelto en llamas. Pero todo había terminado en


           una  semana,  con  cientos  de  muertos,  humo  negro


           sobre  Hannover  y  Magdeburgo,  con  los  restos


           quemados  de  tanques  en  campos  en  los  que  antes


           había  trigo  plantado,  pero  que  ya  nunca  se


           transformarían  en  rejas  de  arado.  No  se  habían


           atrevido  a  denominarlo  guerra,  aunque  la  frontera


           estaba de nuevo en el mismo sitio que antes, solo que



           esta  vez  la  habían  trazado  con  la  sangre  de  los


           soldados,  esta  vez  era  una  barricada  que  «no


           pasarán», y Peterson lo veía todo desde las alturas,


           tan alto que las naciones y los destinos manifiestos se


           volvían  borrosos  en  un  palimpsesto  de  geografía  e


           historia. Pero aquello ya era agua pasada, así que se


           apartó de la ventana de la nave y contempló toda su

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