Page 336 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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mientras tiraba de él hacia atrás con tal fuerza que su
asiento crujía y gemía al tiempo que él sufría bajo su
propio peso, cada vez mayor. Y luego ese momento
de vértigo, de brusca lucidez reveladora, cuando de
repente cesaba la aceleración aplastante y daba una
sacudida hacia adelante contra las correas, para acto
seguido salir despedido hacia atrás como si le
hubieran dado una patada en el pecho cuando se
desprendía el primer módulo y se encendía el S‐II. Ese
momento en el viaje hacia la órbita, en cada
lanzamiento que había participado, le hacía tomar
conciencia de que había estado sentado sobre 363 pies
de explosivo, el equivalente a más de medio kilotón
de TNT, y que lo estaba propulsando hacia el cielo
una fuerza de casi ocho millones de libras. El viaje
espacial no era seguro: había habido muy pocos
accidentes y había innumerables sistemas de
seguridad, pero cuando algo salía mal, era una
catástrofe. Ahora que Peterson estaba en órbita había
dejado de estar en contacto con el asiento y sus brazos
flotaban por encima de los reposabrazos, al parecer
por voluntad propia. El CMP empezó a quitarse el
traje espacial; un par de guantes y la bola de
policarbonato de un casco vuelto hacia arriba pasaron
flotando junto a Peterson en uno de esos momentos
que parecían sacados de unos dibujos animados de
Tex Avery justo unos segundos antes de que suceda
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