Page 365 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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se  detiene  ante  el  primer  ALM.  El  polvo  se  eleva


           alrededor de sus pies para luego caer bruscamente al


           suelo. Piensa que por fin sabrá cuál de estas máquinas


           de falda dorada fue la primera en aterrizar. Tienen



           que comprobarlas todas, y una de ellas tiene esa placa


           en una pata. Pero de momento...




                  Levanta  la  mano  y  comienza  a  arrancar  el


           polietileno de un lado del módulo de descenso.









                  Peterson  colgaba  por  debajo  de  la  panza  de  un


           North American B‐70 Valkyrie, sujeto con correas a la


           cabina  de  su  Lockheed  Martin  SR‐91  Aurora,  cinco


           minutos  antes  de  que  lo  lanzasen  a  un  vuelo  de


           reconocimiento de alta velocidad a gran altitud sobre


           la  URSS.  Según  sus  instrumentos,  el  B‐70  volaba  a


           Mach  2,5  a  60  000  pies,  pero  la  misión  del  SR‐91



           llevaría  a  Peterson  y  a  su  operador  de  sistemas  de


           reconocimiento  a  velocidades  supersónicas  y  a  tres


           veces esa altitud, fuera del alcance de interceptores


           soviéticos como el MiG‐25 Foxbat. Era el primer vuelo


           de Peterson en el SR‐91, pero había pasado cientos de


           horas en el simulador y estaba tan familiarizado con


           aquella  estrecha  cabina  que  echaba  de  menos  la


           sencillez de su F‐108D Rapier... o incluso la Habu, el


           Lockheed  SR‐71  Blackbird,  que  había  estado




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