Page 384 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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puso las manos en la palanca de mando y en el
acelerador. Hacer que despegase el aparato era cosa
de Peterson; luego el SAGE ya se encargaría de
pilotarlo hasta la intersección y, una vez allí, localizar
los objetivos, armar y disparar los misiles AIM‐47 que
llevaba el F‐108D... si la situación lo requería. Peterson
recibió la señal, empujó hacia delante la palanca del
acelerador, soltó los frenos y el F‐108D echó a rodar
hacia delante mientras la aceleración lo empujaba
hacia atrás, contra el asiento eyectable, con los
turborreactores bramando como los dioses del trueno
y el rayo, y Peterson dijo: Girar, y tiró suavemente de
la palanca de mando. El avión levantó el morro, las
ruedas delanteras se separaron del suelo y notó que el
F‐108D despegaba; pasaron rugiendo sobre la valla de
la base y Peterson tiró de la palanca, encendió el
postquemador y todos salieron disparados hacia las
alturas. Enseguida alcanzaron la altitud de operación,
siguieron a toda velocidad hacia el norte y poco
después cruzaron la línea de radares que recorría
Canadá de costa a costa y se acercaron rápidamente a
la Línea DEW, allí donde atravesaba el norte helado
del país, y Peterson vio algo al frente, la mancha de
una estela de condensación de varias millas de largo
que cruzaba el cielo ártico blanco azulado, y supo que
tenía que ser uno de los bombarderos soviéticos, así
que le preguntó a su wizzo si era o no factible. El
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