Page 387 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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conversaciones del SALT II y la retórica de Brezhnev
abrazase la línea dura de la noche a la mañana.
Encerrado en su ALM mientras avanza a toda
velocidad hacia la libertad —aunque no, según
parece, hacia la Estación Freedom—, Peterson tiene
tiempo de sobra para reflexionar. Informa a la Base
Falcon a intervalos regulares; las voces de McKay,
Curtis, Fulton... las voces de todos, traducidas al
mismo tono cantarín que usan los aviadores por
radio. Cuando no está hablando con ellos, no puede
hacer gran cosa aparte de pensar. El ALM no está
construido para viajar cómodo, no está pensado para
viajes interplanetarios. Tiene espacio suficiente para
cuatro tripulantes de pie. Peterson, que ya estaba
familiarizado con aquel espacio estrecho, ahora lo
conoce íntimamente: la función de cada interruptor,
lector y válvula, qué hay guardado en cada sitio, los
componentes electrónicos escondidos dentro de las
cajas anodinas que hay fijadas a las paredes. La
microgravedad es lo único que hace que sea
soportable. Flota en su traje espacial, sin casco ni
guantes, con su aliento frío y ciego al gris implacable
de las paredes de la cabina.
Se pasa los días flotando sobre el tambor del APS,
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