Page 20 - Enemigo Mío - Barry B. Longyear
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Cuando llegué a la mitad de la cuesta seguí el camino

        que había señalado con rocas hasta llegar a la charca de agua

        salada que había denominado «Rancho Baboso». En torno a


        la charca había muchas rocas pulidas por el agua y debajo de

        esas rocas, bajo la orilla, habitaban las babosas anaranjadas

        más grandes que Jerry y yo habíamos visto jamás. Hice el


        descubrimiento durante un descanso en la construcción de

        la choza y le enseñé los bichos a Jerry, que hizo un gesto de

        indiferencia.



               —¿Y qué?



               —¿Cómo  que  «y  qué»?  Mira,  Jerry,  esas  tabletas  de


        provisiones no durarán siempre. ¿Qué comeremos cuando

        no quede ninguna?



               —¿Comeremos?  —Jerry  observó  la  cavidad  donde  se

        retorcían  los  insectos  e  hizo  una  mueca—.  Ne,  Davidge.

        Antes  entonces  recogernos.  Buscar,  encontrar  nosotros,


        después recoger.



               —¿Y si no nos encuentran? ¿Qué, entonces?



               Jerry volvió a hacer una mueca y regresó a la casa, que

        ya estaba medio terminada.



               —Agua beber, hasta recogida.



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