Page 605 - Triton - Samuel R. Delany
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allí; su mapa sólo puede ser aprendido, como es
aprendido cualquier otro lenguaje, a través de la
exposición de una miríada de palabras, simples y
complejas, extraídas del lenguaje de cada. Los contornos
de la red controlan la experiencia del lector en cualquier
texto de c‐f dado; mientras la lectura de un texto dado de
c‐f redefine, aunque sea ligeramente, la propia red, ese
texto es absorbido dentro del género, juzgado, recordado
u olvidado.
Con maravilla, sorpresa y deleite, el niño que, aquella
noche, vio al juggernaut aullar en la oscuridad, lo llamó
el «Aullador Rojo». Sabemos que el nombre no lo agota
todo; es tan sólo un punto de entrada al textus, a fin de
recuperar de él algún texto u otro sobre el contorno,
formado y modelado a partir de nuestra experiencia de
las entidades nombradas por, con y organizadas en torno
a esos metónimos onomales. El textus no define; es,
aunque ligeramente, redefinido con cada nuevo texto
encajado sobre él, con cada nuevo texto recuperado de él.
También sabemos que el nombre no implica
necesariamente, en el niño, una comprensión de ese
textus que ofrece sus metónimos y en la cual se hallan
encajados esos metónimos. La maravilla, sin embargo,
puede iniciar en el niño ese proceso que, resuelto en el
adulto, lo hace imaginarse a sí mismo vestido con un
casco y un impermeable de caucho, aferrado a las
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