Page 603 - Triton - Samuel R. Delany
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mundo en el cual la situación de la información acerca

           del  rostro  del  narrador  es  una  prueba  de  que,  en  un


           mundo  así,  el  «problema  racial»,  al  menos,  ha

           desaparecido.  El  libro  como  texto ‐como  objeto  en  la

           mano y ante el ojo‐ se convirtió, por un momento, en el


           símbolo de ese mundo. En ese momento, signo, símbolo,

           imagen  y  discurso  se  colapsan  en  una  experiencia  no


           verbal,  catapultada  desde  alguna  parte  más  allá  del

           textus  (vía  el  texto)  en  la  trayectoria  peculiarmente

           potente que sólo la c‐f puede proporcionar. Pero, a partir


           de  aquí,  la  descripción  de  lo  que  es  único  a  la  ciencia

           ficción y cómo funciona dentro del textus de la c‐f, que, a

           su vez, se halla encajado en el propio textus del lenguaje


           ‐y se parece al lenguaje‐ de nuestra cultura se convierte

           en una lista de pasajes específicos o conjuntos de pasajes:

           mejor dejar que el lector compile los suyos propios.


                Tengo  la  sensación  de  que  la  empresa  ciencia‐

           ficcionística  es  más  rica  que  la  empresa  de  la  ficción


           mundana. Es más rica a través de su extendido repertorio

           de  frases,  su  consecuentemente  mayor  abanico  de

           posibles incidentes, y a través de su más variado campo


           de  organización  retórica  y  sintágmica.  Tengo  la

           sensación de que es más rica en el mismo sentido que la


           música  atonal  es  más  rica  que  la  tonal,  o  la  pintura

           abstracta  es  más  rica  que  la  realista.  No,  la  aparente

           «ingenuidad» de la ciencia ficción no es la misma que ese




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