Page 1092 - Anatema - Neal Stephenson
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Llegué temprano a la tación de Avrachon. La receta de
esa noche exigía cortar y picar mucho, así que llevé un
cuchillo y una tablilla de cortar a la galería exterior y
trabajé allí, en parte para disfrutar de los últimos rayos de
sol y en parte con la esperanza de interceptar a fra Jad de
camino al Mensal. La tación de Avrachon era una enorme
casa de piedra, no tan parecida a una fortaleza como
algunas estructuras cenobíticas que podría mencionar, con
balcones, bóvedas y ventanas salientes que me hacían
desear ser miembro simplemente para poder trabajar
todos los días en un entorno tan pintoresco y encantador.
Como si el único objetivo del arquitecto hubiese sido
despertar la envidia en el corazón de los avotos, para
hacerlos conspirar y maniobrar para lograr entrar. Yo
tenía suerte de que una sucesión de acontecimientos tan
excepcional hubiese hecho posible que pudiese pasar una
hora en su galería pelando verdura. Mi conversación con
Ala me había recordado que era mejor aprovechar las
oportunidades mientras fuese posible. La tación estaba en
una loma, así que disfrutaba de una muy buena vista de
los espacios abiertos que había entre las taciones y las
sedes. Los grupos de avotos iban y venían, algunos
hablando efusivamente, otros en silencio, agachados,
agotados. Por los terrenos había fras y sures tendidos,
envueltos en sus paños, usando la esfera como almohada,
durmiendo. Ver a tantos vestidos de forma tan variada me
recordó una vez más la diversidad del mundo cenobítico,
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