Page 1130 - Anatema - Neal Stephenson
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minuto  más  tarde,  sentí  en  mi  cuerda  la  secuencia


          acordada de tirones para indicarme que en la cocina las

          cosas habían salido según el plan: el torpe de Barb había

          tirado  «accidentalmente»  el  guiso  que  Orhan  estaba


          preparando.  Con  esa  distracción  y  el  estruendo  que

          estaban armando Tris y Emman con cazuelas y sartenes,

          era poco probable que Orhan se diese cuenta de que ya no


          se oía nada por el altavoz.

            Le  hice  un  gesto  a  Arsibalt,  situado  al  otro  lado  de  la

          mesa.


            —Disculpa, fra Zhʹvaern, pero has olvidado bendecir tu

          comida —anunció Arsibalt en voz muy clara.


            La  conversación  cesó.  Hasta  ese  momento  el  Mensal

          había  estado  excepcionalmente  tranquilo,  como  si  los

          decanes  estuviesen  intentando  encontrar  una  forma  de


          reiniciar  el  diálogo  mientras  evitaban  el  incómodo

          territorio  al  que  la  pasada  noche  nos  había  intentado


          arrastrar  Zhʹvaern.  Pero  incluso  en  el  Mensal  más

          animado,  un  comentario  imprevisto  de  un  servitor

          hubiera sido una sorpresa; el de Arsibalt lo era todavía


          más por lo que había dicho. Ya que todos callaban, siguió

          hablando:

            —He estado estudiando las creencias de los matarrhitas.


          Nunca comen sin antes bendecir la comida, que concluyen

          al final con un gesto. Tú, ni has rezado ni has hecho el

          gesto.


            —¿Y qué? Lo he olvidado —dijo Zhʹvaern.



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