Page 1135 - Anatema - Neal Stephenson
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—Por supuesto, tus enzimas no podían hacerle nada —


          dijo Jules Verne Durand—. Te felicito.

            Ignetha Foral se había recuperado al fin lo suficiente para

          intervenir en la conversación.


            —En nombre del Consejo Supremo, te doy la bienvenida

          y  me  disculpo  por  cualquier  ultraje  que  hayas  podido

          sufrir a manos de estos jóvenes…


            —Alto. Lo que has dicho es lo que llamáis gilypollez. No

          hay  tiempo  —dijo  el  laterrano—.  Mi  misión,  que  me

          asignó  el  mando  de  espionaje  militar  de  Urnud/Tro,  es


          descubrir  si  la  leyenda  de  los  Conjuradores  tiene

          fundamento  real.  El  eje  Urnud/Tro,  que  en  su  lengua


          llaman  el  Pedestal,  teme  considerablemente  esa

          posibilidad;  estudian  un  ataque  preventivo.  De  ahí  mis

          preguntas  la  pasada  noche,  que  sé  que  fueron  muy


          groseras.

            —¿Cómo llegasteis hasta aquí? —preguntó Paphlagon.


            —Un  comando  de  asalto  entró  en  el  concento  de  los

          matarrhitas.  Tenemos  métodos  para  lanzar  hacia  el

          planeta  cápsulas  pequeñas  que  no  podéis  detectar.


          Enviaron a un grupo de soldados, y a algunos civiles como

          yo,  para  hacerse  con  el  control  del  concento.  Los

          verdaderos  matarrhitas  están  allí  retenidos,  ilesos  pero


          incomunicados.

            —¡Es una medida extraordinariamente agresiva! —dijo

          Ignetha Foral.







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