Page 1186 - Anatema - Neal Stephenson
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de pez a muy corta distancia, pero nos ofrecía algo que
mirar aparte del visor opaco y ahumado del casco.
—Por favor, dime, ¿qué son esas boquillas que tengo
delante de la boca? —preguntó Arsibalt, con los ojos bajos
y mirando.
—Izquierda, agua. Derecha, comida y, si es necesario,
medicamentos. El grande de en medio es el recogedor.
—¿El qué?
—Para vomitar. No falles.
—Ah.
Arsibalt alzó los ojos para mirarse las manos por el visor.
Levantó un brazo hasta que tuvo el muñón a la vista. Se
abrió una tapa. Todos dimos un salto atrás cuando de ella
saltó una gigantesca araña de metal, agitando sus
miembros. Tras echar un segundo vistazo, vimos que en
realidad era una mano esquelética: huesos, articulaciones
y tendones que imitaban una mano de verdad pero de
metal anodizado negro y fabricados a máquina, y sin piel,
a menos que uno contase las almohadillas negras de goma
de las puntas de los dedos. Surgía completa de una
articulación fija en el extremo del muñón. Al principio, se
agitó y se retorció espasmódicamente. Una a una, Arsibalt
fue tomando el control de las articulaciones y empezó a
moverla como una mano de verdad. Alzó el otro brazo, se
abrió el panel y de allí surgió otra mano. Ésta, sin embargo,
no parecía tan humana; estaba compuesta de herramientas
pequeñas.
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