Page 1192 - Anatema - Neal Stephenson
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para  desplegar  una  cubierta  negra  que  sujetó  sobre  la


          cintura. Las luces y las pantallas estaban ocultas. Arsibalt

          era de un color negro mate de pies a cabeza, como si lo

          hubiesen esculpido en carbón.


            —Es asombroso —dijo Osa—, si se tiene en cuenta que

          no estaban disponibles cuando tú, fra Jesry, subiste con el

          Guardián del Cielo.


            Jesry asintió.

            —Ahora hay dieciséis.

            —¡Pero somos once! —exclamó Arsibalt por el altavoz.


          Nos habíamos olvidado de su presencia. Su esquelemano

          fue  a  la  cintura,  encontró  el  cierre  de  la  cubierta  y  la


          levantó  para  que  viéramos  la  pantalla.  Su  expresión  de

          sorpresa  con  los  ojos  como  platos  se  ampliaba

          cómicamente.


            —Así es —dijo Jesry.

            —Lo que significa algo evidente —dijo Lio—, pero lo voy


          a decir con claridad: no podemos joder la operación. Pasa

          algo  similar  con  los  lanzadores  de  misiles.  Son  secreto

          militar.  No  hay  razón  para  que  el  Pedestal,  que  ha


          obtenido  casi  todo  lo  que  sabe  de  Arbre  gracias  a  las

          filtraciones de la cultura popular al espacio, sepa de su

          existencia. Se diseñaron específicamente para ser difíciles


          de ver desde arriba. Pero, tan pronto como lancemos uno,

          los sistemas de los Geómetras detectarán el calor y sabrán

          de su existencia. Así que hay que lanzarlos todos a la vez,


          o no podremos lanzar ninguno. Hay un par de cientos.



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