Page 1195 - Anatema - Neal Stephenson
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disposines del traje superpondrían a nuestra visión. Los
controles de los dedos se podían conectar con los
impulsores y monifikes de tal forma que, al llegar a órbita,
pudiésemos movernos y lograr ciertas tareas. Bajo la mano
izquierda había una pequeña esfera que giraba con
libertad; bajo la derecha, una palanca en forma de
champiñón que se podía mover en cuatro direcciones y de
la que podíamos tirar o que podíamos pulsar. La primera
controlaba la rotación del traje, que era fácil. La otra
controlaba la translación: para movernos por el espacio en
lugar de quedarnos dando vueltas en el mismo sitio. Eso
iba a ser más complicado. Los objetos en órbita no se
comportan como estábamos acostumbrados a que lo
hicieran en el suelo. Por poner un ejemplo: si
persiguiésemos otro objeto en la misma órbita, mi instinto
natural sería disparar un impulsor que me diese un buen
empujón. Pero así pasaría a una órbita más alta, por lo que
el objeto perseguido quedaría debajo de mí. Todo lo que
sabíamos hacer en el suelo sería un error allí arriba.
Incluso los que habíamos aprendido mecánica orbital de
labios del propio Orolo, sólo teníamos una forma de
comprenderlo de verdad y era jugando a ese juego.
—Es engañoso —fue el comentario de Jules. Él y yo
estábamos juntos en una de las celdas. Yo había mejorado
con rapidez en el juego, porque conocía la teorética
subyacente, así que ayudar a los otros a aprender se había
convertido en mi papel—. La mano izquierda surte un
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