Page 1200 - Anatema - Neal Stephenson
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—Pero su forma de irse hizo evidente la verdad: que
realmente no había otra como ella. Y en una comunidad
de sólo diez mil personas, separadas para siempre de sus
raíces en el cosmos de origen… bien… las conozco a todas,
Raz. A todas las mujeres de mi edad. Y puedo decirte que,
definitivamente, en el cosmos donde nos encontramos tú
y yo no hay otra como mi Lise. —Las lágrimas le corrían
por la cara con total libertad.
—Lo siento mucho —dije—. Me siento como un idiota.
No había entendido que tu mujer ha muerto.
—Está muerta —me confirmó—. Yo he visto, ya sabes,
las imágenes de su cuerpo, de su rostro, por todo el
Convox.
—¡Dios mío! —exclamé. No tenía por costumbre emplear
juramentos religiosos, pero no se me ocurría nada más
fuerte—. La mujer de la sonda de Orithena…
—Era mi Lise —dijo Jules Verne Durand—. Mi esposa.
Ya se lo he contado a Sammann. —Y se desmoronó por
completo.
Jules y yo estábamos juntos en una celda a oscuras, sin
nada que ver excepto la luz simulada del sol reflejándose
en un Arbre y una luna simulados. Personas simuladas
con trajes espaciales se movían en silencio a nuestro
alrededor. Estaba doblado sobre sí mismo y sollozaba.
Recordé nuestra conversación del Mensal sobre cómo
podíamos interaccionar de forma física con los Geómetras
aunque la interacción biológica fuese imposible. Me
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