Page 1249 - Anatema - Neal Stephenson
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intentase por todos los medios subir desde una órbita baja


          e interceptar la trayectoria de la Daban Urnud.

            Luego explotó.

            Se suponía que así debía ser. En lugar de esperar a que el


          Pedestal hiciese algo al respecto (algo que no podíamos

          predecir,  algo  que  podía  afectarnos  negativamente)  los

          diseñadores               de        la       misión           habían           programado


          deliberadamente  los  motores  para  abrir  la  válvula

          incorrecta en el momento equivocado. Así que estalló. No

          hubo  mucho  fuego  y  evidentemente  no  oímos  la


          explosión. El objeto se convirtió en una confusión de restos

          que se expandía con rapidez y dejó de existir. Sólo minutos


          después  vimos  líneas  de  fuego  cuando  algunos  trozos

          empezaron  a  caer  a  la  atmósfera.  Esperábamos  que  el

          Pedestal  creyese  que  nuestra  patética  jugada  había


          fracasado  por  el  fallo  de  un  motor  (lo  que  era  muy

          plausible) y que emplease todos sus sensores para grabar


          imágenes de los restos, recopilando celosamente toda la

          información  que  pudiese  antes  de  que  la  atmósfera  la

          reclamase y la quemase. El Frío Espejo Negro no lo verían.




            La siguiente fase del viaje duró varios días. No pudo ser

          más diferente de las primeras veinticuatro horas. Ya no


          disponíamos  de  la  conexión  de  banda  ancha  con  la

          superficie. Entre eso y que no había mucho que hacer, las

          cosas se calmaron.







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