Page 1250 - Anatema - Neal Stephenson
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El impulso nos había sacado del refugio del globo y nos
había colocado en una curiosa situación con respecto a la
Daban Urnud, un poco como un pájaro que vuela para
chocar con un avión. Llegaríamos a la Daban Urnud, pero,
si no queríamos acabar cubriendo su superficie de carne
congelada y reseca, antes tendríamos que reducir un poco.
Cualquier otra misión espacial lo hubiese logrado con un
breve encendido del motor en el último minuto, seguido
de cierta habilidad con los propulsores de maniobra.
Como nosotros queríamos llegar sin ser vistos, eso no nos
valía. Precisábamos de una forma de propulsarnos que no
requiriese de la eyaculación súbita de gases muy calientes.
El Convox había encontrado la respuesta: un cable
electrodinámico, que no era más que una cuerda con un
peso en un extremo y electricidad fluyendo por ella en una
dirección. El cable en sí tenía cinco millas de longitud. Era
delgado, pero fuerte, similar a nuestros cordones. Para
mantenerlo tenso teníamos que ponerle un peso en un
extremo. El peso eran los ya agotados e inútiles monifikes,
ocultos bajo una versión más pequeña y simple del Frío
Espejo Negro. Por tanto, nuestra primera tarea una vez
que abandonamos el globo fue fabricar un cuerpo
compacto con los monifikes, colocarles otro espejo encima
y unirlos al final del cable. Esperamos a que Arbre
estuviese entre nosotros y la Daban Urnud antes de
comenzar la parte más delicada, rayana en la locura, de la
operación: darnos impulso a nosotros mismos y emplear
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