Page 1332 - Anatema - Neal Stephenson
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lgo me empujaba con fuerza por la espalda… hacia
A
delante. No podía ser bueno. No, no era más que la
gravedad, o algo parecido, empujándome contra una
superficie firme y plana. Tenía un frío monstruoso. Me
puse a temblar.
—El pulso y la respiración empiezan a ser normales —
dijo una voz en orto—. La oxigenación de la sangre está
aumentando. —Jules lo iba traduciendo a otras lenguas—
. La temperatura interna está alcanzando los niveles
compatibles con la conciencia.
Era posible, quizá, que estuviese hablando de mi
conciencia. Abrí los ojos. El resplandor se apagó. Me
encontraba en una habitación pequeña pero muy
agradable. Jules Verne Durand estaba sentado en el borde
de mi cama, con aspecto aseado y elegante. Eso, más que
nada, confirmó la vaga impresión que tenía de que había
pasado mucho tiempo. Estaba conectado a un buen
montón de cacharros. Tenía un tubo metido por la nariz,
del que salía algo frío, seco y agradable. Un doctor, ¡de
Arbre!, miraba alternativamente mi cuerpo y un cismex.
Una mujer con bata blanca, una laterrana, manejaba un
equipo que hacía circular agua tibia por… bien, no lo
creerías si te lo contase y a continuación desearías que no
te lo hubiese dicho.
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