Page 1334 - Anatema - Neal Stephenson
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Se fueron. Por la puerta que se abría entreví un
encantador panorama de aguas abiertas, con cosas verdes
creciendo por todas partes, algunas bloqueadas por una
figura pequeña que entraba a toda velocidad. Un
momento después, Ala estaba tendida encima de mí,
sollozando.
Ella sollozó, y yo me estremecí. La primera media hora la
dedicamos a elevar mi temperatura interna y a
tranquilizarla a ella. La verdad es que para eso
formábamos un gran equipo; Ala era justo lo que me había
recetado el médico para elevar mi temperatura, y usarme
de colchón parecía eficaz contra lo que fuera que la afligía
a ella. Durante el estremecimiento quebrantahuesos que se
apoderó de mí como a los quince minutos, ella se me
agarró como si fuese una atracción de feria y me impidió
caerme de la cama. Esa situación, a su debido tiempo,
provocó otros fascinantes fenómenos biológicos que no
puedo escribir aquí so pena de correr el riesgo de
convertirlo en un documento totalmente diferente.
—Vale —dijo Ala al fin—. Le comunicaré a fra Sildanic
que tu flujo sanguíneo es excelente en todas tus
extremidades —fue su primera frase completa.
Llevábamos hora y media juntos.
Reí.
—Pensaba en el cielo. Pero en el cielo no habría de esto.
—Tiré con delicadeza del tubo de mi nariz. Ella bufó y me
apartó la mano—. ¿Oxígeno de Arbre? —pregunté.
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