Page 1392 - Anatema - Neal Stephenson
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Tras un momento de silencio hicimos un intermedio, y


          los  camareros  trajeron  bandejas  de  comida  y  bebida.

          Aparentemente,  la  necesidad  de  comer  después  de  un

          funeral era tan universal como el Teorema Adrakhónico.


          Las damas del bote se pusieron a trabajar, acondicionando

          la  nave  con  una  mesa  con  mantel  azul,  cubierta  con

          montones de documentos.


            —Raz.

            Yo  había  estado  aguardando  mi  turno  frente  a  las

          bandejas  de  comida,  pero  me  volví  para  encontrarme  a


          Emman a unos pocos pasos, en el acto de pasarme algo a

          escondidas. Mis reflejos se impusieron y lo agarré en el


          aire. Era otra máquina para distorsionar conversaciones.

            —Se la he robado a un prociano —me explicó.

            —¿No le hará falta al prociano? —pregunté, con una cara


          que, esperaba, fuese de falsa preocupación.

            —Qué va. En su caso es redundante.


            El  distorsionador  de  conversaciones  se  convirtió  en

          objeto de atención. Mis amigos se pusieron a jugar con él

          y a reírse de los sonidos graciosos que emitía. Yul, tras


          proferir unos insultos, logró que generase frases profanas

          aleatorias. Pero al cabo de unos minutos la voz de Jules

          Verne Durand, ronca, pero firme, sonó en nuestros oídos


          indicándonos que estaba a punto de comenzar la segunda

          parte del auto. Una vez más nos reunimos al borde del

          agua y oímos discursos de los cuatro líderes que en unos


          minutos  tocarían  el  papel  con  la  pluma.  Primero  Gan



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