Page 1393 - Anatema - Neal Stephenson
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Odru. Luego Prag Eshwar, una mujer rechoncha con más


          aspecto de tía bondadosa de lo que había imaginado, de

          uniforme.  Luego  el  ministro  de  Exteriores  de  Arbre  y,

          finalmente, uno de los Milésimos que habían acompañado


          a fra Lodoghir. Cada hablante que terminaba se subía a la

          barca.  Cuando  nuestro  Milésimo  se  unió  a  los  tres

          primeros, las damas de los remos los llevaron al centro del


          lago. Los representantes tomaron las plumas y se pusieron

          a firmar. Todos miramos en silencio un rato. Pero la firma

          llevaba  tiempo  y,  por  tanto,  pronto  la  gente  se  puso  a


          murmurar.  Las  conversaciones  florecieron  por  todas

          partes y la gente fue dando vueltas.


            Puede que parezca un comportamiento extraño, pero me

          quedé tras el hinchable y conté los ataúdes. Uno, dos, tres,

          cuatro.


            —¿Inventario?

            Me volví y vi que fra Lodoghir me había seguido.


            Activé  el  distorsionador,  que  emitió  un  torrente  de

          insultos con la voz de Yul mientras yo decía:

            —Es la única forma que tengo de estar seguro de quién


          sigue muerto.

            —Ahora puedes estar seguro —dijo—. Se ha terminado.

          El número no va a cambiar.


            —¿Se  puede  traer  a  gente  de  vuelta  igual  que

          desaparece?

            —No  sin  deshacer  eso.  —Hizo  un  gesto  hacia  el  bote


          donde se firmaba la paz.



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