Page 1391 - Anatema - Neal Stephenson
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Cuando las damas se encontraban a medio camino, Jesry


          habló:

            —No están batiendo ningún récord de velocidad, ¿no?

            —Sí —dijo Lio—. Pensaba lo mismo. ¡Que nos den un


          bote! ¡Les ganaremos!

            No fue tan gracioso, pero nuestros cuerpos opinaron de

          forma diferente y durante los siguientes minutos tuvimos


          que  esforzarnos  mucho  para  evitar  reír  de  forma  tan

          evidente que causase un incidente diplomático. Cuando el

          bote  llegó  al  fin,  sacamos  los  ataúdes  y  cargamos  el  de


          Lise. Con el acompañamiento de más música, esas damas

          de  remo  lento  iniciaron  un  largo  arco  hasta  la  orilla


          laterrana,  donde  media  docena  de  portadores  civiles,

          supuse que amigos de Jules y Lise, descargaron el ataúd

          mientras Jules, sostenido por un par de amigos, miraba.


          Luego,  en  cuatro  viajes  distintos,  llevamos  los  ataúdes

          valleros  de  vuelta  a  la  zona  situada  tras  el  hinchable.


          Mientras  tanto,  a  Lise  la  transportaron  al  pabellón

          laterrano  para  que  Jules  pudiese  pasar  un  momento  en

          privado con ella. Las damas remaron de vuelta a la orilla


          urnudana.  Fra  Lodoghir  y  Gan  Odru,  desde  lados

          opuestos             del         estaque,            dijeron            unas          palabras

          recordándonos  a  los  otros  que  habían  muerto  en  la


          pequeña guerra que habíamos ido a dar por terminada: en

          Arbre, los muertos en los ataques con barras, y allí arriba,

          los que habían caído frente a los valleros.







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