Page 1389 - Anatema - Neal Stephenson
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escudo para protegerme. Vay cosiéndome luego… tan
eficientemente, con tal falta de compasión que de mi nariz
habían manado mocos y lágrimas de mis ojos.
Eso mismo me sucedía en aquel momento, porque volvía
a sollozar. Intentaba imaginar sus últimos momentos.
Especialmente los de sur Vay, sobre el icosaedro,
enfrentándose sola a varios hombres aterrorizados y
armados con herramientas cortantes. Sola, en la oscuridad,
con el rostro azul de Arbre a miles de millas de distancia,
sabiendo en el último segundo que jamás volvería a
respirar su aire, que no volvería a oír los mil riachuelos del
Valle Tintineante.
—¿Raz? —era la voz de Ala. Tenía la mano, en esta
ocasión muy delicadamente, en mi codo. Me sequé la cara
con el paño, tuve un momento de visión clara hasta que
todo volvió a empañarse. La guardia de honor, al otro lado
del estanque, depositó en el suelo los cuatro ataúdes
valleros y esperaba expectante—. Es hora de ir —dijo. Lio,
Jesry y Arsibalt me miraban, también llorando los tres.
Doblamos las rodillas, agarramos el ataúd y lo
levantamos.
—Cantad algo —propuso Ala.
Nos miramos sin saber qué hacer hasta que Ala nos dio
el nombre de un cántico que en Edhar empleábamos para
el auto de Réquiem. Arsibalt empezó, dándonos el tono
con su voz de tenor, y todos nos unimos a él. Tuvimos que
improvisar un poco, pero casi nadie se dio cuenta y a
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