Page 1390 - Anatema - Neal Stephenson
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pocos les importó. Cuando vimos el pabellón laterrano,
Jules Verne Durand dejó de hablar. Miré por las ventanas
los asientos de los traductores y vi a otros laterranos
corriendo a su lado para sostenerle. Cantamos con más
fuerza.
—Ahí se va la traducción del orto —dijo Jesry, una vez
que llegamos al agua y dejamos a Lise. Pero lo dijo de una
forma tan lastimera y sencilla que no tuve ganas de hacerle
daño.
—Da lo mismo —dijo Lio—, es lo bueno de un auto. Las
palabras no importan. —Y, sin pensarlo, posó la mano
sobre la tapa del féretro.
Los soldados de la orilla opuesta pasaron los ataúdes de
los valleros a una especie de bote plano. Podrían
simplemente haberse limitado a bordear el estanque hasta
nosotros, pero parecía que para ellos atravesar el agua
tenía un significado ceremonial.
—Ya lo entiendo —dijo Arsibalt—, representa el cosmos.
La separación entre nosotros.
Más música. La balsa estaba tripulada por cuatro mujeres
con túnica, que se pusieron a remar. La música era mucho
más agradable que la marcha fúnebre: instrumentos
diferentes de tonos más suaves, y un solo de una mujer
laterrana que se encontraba al borde del agua y parecía
hacer vibrar todo el orbe con la potencia de su voz. Estimé
que era una buena música para volver a casa.
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