Page 1387 - Anatema - Neal Stephenson
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para acostumbrarse a los tubos de nariz—. El tercero, el
calvo, tiene uno igual.
Mi brazo derecho abandonó la conversación. Ala se lo
había llevado. El resto de mi persona la siguió justo a
tiempo para que no me dislocara el hombro.
—Deberías llevar el auricular —me dijo—, ¡así sabrías
que estamos en medio de un auto! —Me puso un auricular
en la mano y yo me lo metí en la oreja. Al otro lado de la
elipse una banda se había puesto a tocar música. Miré y vi
cuatro cajas largas, ataúdes, que un contingente mixto de
soldados urnudanos, troänos, laterranos y fthosianos
trasladaba al borde del agua.
Ala me llevó detrás del hinchable, donde Arsibalt, Jesry
y Lio ocupaban tres esquinas de un ataúd.
—¡Por una vez, no soy el último! —dijo Lio, admirado.
—El liderazgo te ha cambiado —dije, y me coloqué en mi
esquina. Levantamos el ataúd, que sabía que debía
contener los restos de Lise.
Tantos ataúdes me cambiaron completamente el estado
mental. Sacamos a Lise de detrás del hinchable, la
centramos en el camino que llevaba al borde del agua y la
dejamos esperando a que terminase la procesión al otro
lado. Por supuesto, la música resultaba extraña a nuestros
oídos, pero no más extraña que mucha música que se
podía oír en Arbre. Parecía que el Flujo Hylaeano era
especialmente intenso en la música… los compositores de
cosmos diferentes oían mentalmente lo mismo. Era una
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