Page 579 - Anatema - Neal Stephenson
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Siempre iniciábamos las comidas invocando el recuerdo
de sante Cartas. La idea era que nuestras mentes podrían
alimentarse de todo tipo de pensamientos de pensadores
que se remontaban a los días de Cnoüs, pero que para el
sustento físico de nuestros cuerpos dependíamos los unos
de los otros, unidos por la Disciplina que debíamos a
Cartas. Los deólatras, por otra parte, tenían un ritual
diferente para comenzar a comer. La ortodoxia baziana era
una religión postagraria en la que el sacrificio literal se
había reemplazado por uno simbólico; los bazianos
iniciaban la comida con una representación en efigie de
ese sacrifico, luego daban gracias a su dios y, a
continuación, le pedían favores y servicios. El sacerdote
que dirigía el centro inició el ritual por puro hábito, pero
se puso nervioso a la mitad, cuando se dio cuenta de que
ninguno de los avotos inclinaba la cabeza y todos le
miraban fijamente. Creo que no le inquietaba demasiado
que no creyésemos en lo que él creía… debía de estar más
que acostumbrado. Estaba más bien avergonzado de
haber cometido una falta de etiqueta. Así que cuando
terminó nos imploró que recitásemos la invocación o la
bendición tradicional de nuestro cenobio. Como he
mencionado, carecíamos de sopranos y contraltos, pero
pudimos reunir tenores, barítonos y bajos para cantar una
invocación antigua y sencilla a Cartas. Fra Jad se encargó
de los graves, y podría jurar que hizo que la cubertería
vibrase sobre la mesa.
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