Page 635 - Anatema - Neal Stephenson
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instrucciones, que usamos para encender la hoguera que
mantuvimos con leña. A medida que el sol bajaba, el fuego
se fue convirtiendo en un lecho de brasas sobre las que
cocimos las hamburguesas con queso. Cord se acostó en
su transbor y los tres hombres nos dispusimos a compartir
una tienda. Me quedé despierto hasta tarde para terminar
mi carta a Ala a la luz del fuego, que era una forma genial
de hacerlo; el séptimo borrador era corto y simple. No
dejaba de preguntarme: si el destino decidiese que no
podríamos volver a vernos, ¿qué tendría que decirle
imperiosamente?
El día siguiente empezó refrescantemente carente de
grandes acontecimientos, personas nuevas o revelaciones
asombrosas. Nos levantamos poco a poco en el ambiente
frío, encendimos el fogón, calentamos algunas raciones y
nos echamos a la carretera. Crade estaba encantado. No
era su naturaleza sentirse así, pero allí y en aquel momento
se sentía feliz, pavoneándose de un lado a otro,
indicándonos cuál era la mejor forma de guardar los sacos
y ocupándose de todos los detalles del fogón de acampada
como si de un reactor nuclear se tratara. Pero el trato con
él era mejor en esas circunstancias, ya que tenía algo a lo
que dedicar toda su energía. Decidí que era un hombre
demasiado inteligente para sus circunstancias y que
debería haber tenido la oportunidad de ser avoto. De
haber nacido entre los imizares habría acabado en un
concento. En lugar de eso, había caído en una secta que
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