Page 636 - Anatema - Neal Stephenson
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valoraba demasiado su cerebro para dejarle marchar pero


          donde su cerebro no servía para nada. En cualquier caso,

          estaba acostumbrado a ser la única persona inteligente en

          cien millas a la redonda y ahora que había acabado con


          otras personas inteligentes ya no sabía cómo comportarse.

            Sammann  estaba  completamente  fuera  de  su  entorno,

          porque apenas podía recibir nada por cismex, pero se las


          arreglaba bien, como si el sufrimiento prolongado formase

          parte del conjunto de herramientas normales de un Ati.

          Llevaba  una  bolsa  al  hombro,  que  era  para  él  lo  que  el


          chaleco  para  Cord,  y  no  hacía  más  que  sacar  de  ella

          herramientas y artilugios útiles. O eso me parecía a mí,


          que no estaba acostumbrado a poseer cosas.

            Cord  guardaba  silencio  a  menos  que  yo  la  mirase,

          momento  en  que  se  ponía  gruñona.  Estaba  aburrido  e


          impaciente.  Cuando  al  final  nos  pusimos  otra  vez  en

          marcha, estimé que debía ser como mediodía. Pero según


          el reloj del transbor de Cord faltaban todavía tres horas

          para mediodía.

            Subimos  las  montañas.  Era  una  novedad  para  mí.


          Cualquier viaje hubiera sido una novedad para mí. Siendo

          niño, antes de ser recolectado, abandoné la ciudad en muy

          pocas ocasiones… acompañando a personas mayores en


          viajes de visita a amigos o familiares de zonas cercanas.

          Tras unirme al concento, claro está, no había viajado en

          absoluto.  Y  no  lo  había  echado  de  menos,  porque


          desconocía  lo  que  hubiese  podido  echar  de  menos.



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