Page 637 - Anatema - Neal Stephenson
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Subiendo  por  esas  colinas  y  montañas,  viendo  vías


          naturales de espacio abierto a través de bosques, prados

          de  un  verde  claro,  viejas  carreteras,  fortalezas

          abandonadas,  cabañas  decrépitas,  palacios  en  ruinas,


          empecé a pensar en otros lugares a los que podía ir si tenía

          tiempo de parar y dar un paseo. En ese aspecto el paisaje

          era completamente diferente al concento, ya que todos los


          senderos  de  este  último  habían  sido  recorridos  durante

          miles de años y descender al sótano de la tación de Shuf

          parecía un acto intrépido. Lo que me hizo preguntarme


          adonde  podría  llevarme  mi  mente  y  adonde  podrían

          llevarme los acontecimientos ahora que las circunstancias


          me  habían  obligado  a  abandonar  el  concento  y

          aventurarme a esos lugares.

            Cord cambió la música. En aquel sitio no eran apropiadas


          las canciones populares que había puesto el día anterior.

          Sus partes hermosas no podían ni compararse con lo que


          se veía por la ventanilla, y las partes toscas desentonaban.

          Cord tenía una grabación de la música del concento que

          vendíamos en el mercado, junto a la Puerta de Día, con la


          miel y el aguamiel. Empezó reproduciendo fragmentos de

          modo aleatorio, empezando por un lamento por el Tercer

          Saqueo. Para Cord, no era más que la selección número 27.


          Para  mí  era  nuestra  pieza  musical  más  emotiva.  La

          cantábamos sólo una vez al año, al final de una semana

          que pasábamos ayunando y recitando los nombres de los


          muertos  y  los  títulos  de  los  libros  quemados.  En  cierta



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