Page 638 - Anatema - Neal Stephenson
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forma, era la sensación adecuada: si los primos resultaban
ser hostiles, podrían saquear el mundo.
Tomamos una curva y nos enfrentamos a una pared de
piedra púrpura que se alzaba hasta desaparecer en una
capa de nubes, a una milla por encima de nuestras
cabezas. Llevaba allí un millón de años. Viéndola mientras
oía el lamento, sentí lo que sólo puede describirse como
patriotismo por mi planeta. Hasta ese momento de la
historia semejante sentimiento no había sido necesario,
porque no había habido nada más allá de Arbre excepto
algunos puntos de luz en el cielo. La situación había
cambiado, y en lugar de pensar en mí mismo como
miembro del equipo Provenir, o del cenobio decenario, o
de la Orden Edhariana, me sentía ciudadano del mundo y
me enorgullecía estar poniendo mi granito de arena para
protegerlo. Me sentía cómodo siendo un Asilvestrado.
Casinos y motus no eran la única experiencia nueva que
se podía tener saliendo extramuros. También si viajabas
en solitario por lugares inhóspitos, incluso si jamás veías
un centro comercial y nunca oías una palabra en flújico,
obtenías información. No información sobre el mundo
secular, sino sobre el mundo que ya estaba allí antes de
eso, el estado fundamental del que surgían todas las
culturas y civilizaciones y al que volvían. La fuente de
mundo secular… pero también del mundo cenobítico. El
origen desde el cual, hacía siete mil años, ambos mundos
se habían separado.
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