Page 683 - Anatema - Neal Stephenson
P. 683

un lugar a otro. Cuando el clima se volvió a enfriar y la


          civilización, a lo largo de algunos siglos, se trasladó al sur

          —moviéndose  como  un  glaciar—  los  recuperadores

          habían  acudido  a  deshacer  esos  mil  millones  de  horas‐


          hombre a fuerza de emplear una hora tediosa tras otra, y

          recuperar  yarda  a  yarda  esas  incontables  millas.  Los

          recuperadores profesionales, actuando a escala industrial,


          habían recuperado rápidamente un noventa por ciento del

          total. Yo había visto imágenes de fábricas montadas sobre

          vehículos  oruga  que  recorrían  el  norte  y  se  tragaban


          edificios enteros, manipulando la estructura de las ruinas

          como un robot industrial con una colina rica en minerales,


          convirtiendo los edificios en escombros y separando los

          restos por su densidad. Las primeras ruinas que habíamos

          visto eran las heces que esas máquinas habían dejado a su


          paso.

            Desguazar  las  ruinas  a  mano  era  mucho  más  caro.


          Cuando había prosperidad en otros lugares, los metales se

          volvían tan preciosos que los mineros podían ganarse la

          vida  aventurándose  en  las  ruinas  profundas  —lejanas


          ciudades de antaño, a las que las fábricas‐oruga no habían

          llegado  nunca—  y  extrayendo  lo  que  hubiese  de  valor:

          cable de cobre, vigas de acero, tuberías o lo que fuese. El


          botín se abría paso hasta la carretera por la que íbamos

          conduciendo  por  fases,  de  un  anárquico  pueblecito

          mercado  al  siguiente.  Era  posible  que  las  tormentas  de


          nieve y las bandas de piratas árticos retrasasen el avance,



                                                                                                          683
   678   679   680   681   682   683   684   685   686   687   688