Page 687 - Anatema - Neal Stephenson
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—Pero  el  dinosaurio…  o  dragón  o  lo  que  fuese…


          apareció realmente en el aparcamiento.

            Yul y yo caminábamos juntos por nieve compacta, a un

          tiro de piedra de la trinchera llena de drumones. Más cerca


          de  ella  las  condiciones  eran  peligrosas  porque  había

          hombres, muchos de ellos bebidos, corriendo de un lado a

          otro  montados  en  máquinas  para  la  nieve.  Yul  y  yo


          seguíamos  un  sendero  que  aparentemente  una  de  esas

          máquina  había  abierto  uno  o  dos  días  antes.  Sabíamos

          dónde  estaban  nuestros  transbores  porque  habíamos


          aprendido  a  reconocer  los  tubos  de  respiración

          improvisados  de  los  drumones  contiguos.  El  tráfico


          parecía haber acelerado un poco, por lo que teníamos que

          caminar más rápido para no rezagarnos. Probablemente se

          debiese a que sólo estábamos a un par de millas del puerto


          de  trineos.  Veíamos  sus  antenas,  su  humo  y  sus  luces.

          Incluso si los transbores nos hubieran adelantado mucho


          habríamos  podido  llegar  a  pie,  así  que  tampoco  nos

          preocupaba tanto quedar rezagados.

            —Fue a sólo un par de miles de pies de Muncoster —


          dije—. Allí había una ciudad… como la hay ahora. El nivel

          general de prosperidad y desarrollo práxico digamos que

          era de nueve sobre diez.


            —¿Qué nivel es el actual? —preguntó Yul.

            —Digamos que de ocho. Pero la sociedad de Muncoster

          había llegado al máximo, aunque todavía no lo sabía. Los


          deólatras habían ganado influencia política.



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