Page 833 - Anatema - Neal Stephenson
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especie de cemento. Cada uno tenía más o menos el
tamaño de una carretilla pequeña, digamos que lo más
grande que un par de avotos podían mover empleando
herramientas simples. En cualquier caso, las líneas eran
extremadamente regulares, y aunque todos los bloques
eran exactamente iguales, algunos eran ligeramente más
marrones, algunos ligeramente más grises. En general, sin
embargo, el muro parecía haber sido levantado con las
piezas de un juego de construcción para niños. Las puertas
en sí eran placas de acero, que en ese clima durarían
mucho tiempo. Después de llamar, retrocedí para
apartarme del calor almacenado en los paneles, que eran
tan enormes como para dejar pasar dos drumones de los
más grandes en paralelo. Me volví y miré al puesto de
recuerdos, a unos pocos cientos de pies colina abajo. Cord,
apoyada a la sombra del transbor de Yul, me saludó.
Sammann captó una imagen con el cismex.
La puerta estaba flanqueada por dos baluartes cilíndricos
perforados por pequeñas ventanas enrejadas. En el de la
izquierda había una puerta diminuta, también de acero. Al
cabo de un rato me acerqué a ella y llamé. Encajada en la
parte superior había una ventanilla, como del tamaño de
mi mano. Diez minutos más tarde, más o menos, oí
movimiento al otro lado. Se abrió una puerta, que volvió a
cerrarse, en el interior del baluarte. Se movió una
cerradura. La ventanita se abrió chirriando. La estancia
que había al otro lado estaba a oscuras y, supuse,
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