Page 835 - Anatema - Neal Stephenson
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—Parece  poco  hospitalario  —dije—  que  Orithena,  de


          donde  partieron  los  primeros  peregrines,  no  abra  las

          puertas a los que han regresado.

            —Nos debemos a la Disciplina, no a las costumbres de la


          hospitalidad. En el pueblo hay hoteles; su negocio es la

          hospitalidad. —La pequeña ventana emitió un ruido como

          si estuviese a punto de cerrarse.


            —¿Qué parte de la Disciplina permite a los avotos vender

          jabón  extramuros?  —pregunté—.  ¿Dónde  dice  la

          Disciplina que fras con sus paños puedan caminar por ese


          pueblo?

            —Tu discurso niega tu afirmación de ser un avoto —dijo


          Dymma—, ya que un fra sabría que de un cenobio a otro

          hay variaciones de la Disciplina.

            —Muchos avotos no lo sabrían, ya que jamás abandonan


          sus cenobios —objeté.

            —Exacto  —dijo  Dymma,  y  pude  imaginármela


          sonriendo  en  la  oscuridad  por  haberme  ganado  ventaja

          con  tanta  habilidad…  porque  yo  estaba  en  el  exterior,

          donde no hubiese debido estar ningún avoto.


            —Admito que vuestras costumbres pueden diferir de las

          del resto del mundo cenobítico —empecé diciendo.

            Me interrumpió.


            —No tanto como para que fuésemos a admitir a alguien

          que no ha tomado el voto.

            —Entonces, ¿Orolo tomó el voto?


            Algunos segundos de silencio. Luego cerró la abertura.



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