Page 837 - Anatema - Neal Stephenson
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—Esto no es un cenobio —dije.
—¿Qué es entonces, si no es un cenobio?
—El claustro de un linaje que se originó mil años antes
de Cartas y su Disciplina.
—Eres bienvenido a Orithena, fra Erasmas.
Se movieron pesados cerrojos y la puerta se abrió.
Yo entré en Orithena, y en el linaje.
En Sante Edhar, Orolo había engordado un poco, aunque
se mantenía razonablemente en forma trabajando en su
viñedo y subiendo los escalones del astrohenge. En el
Cerro de Bly, según los fototipos de Estemard, había
perdido parte de ese peso, tenía el pelo revuelto y se había
dejado la obligatoria barba de Asilvestrado. Pero cuando
lo levanté en volandas a las puertas de Orithena y lo hice
girar cinco veces, su cuerpo parecía sólido, ni gordo ni
demacrado, y cuando al final lo solté, las lágrimas dejaban
senderos húmedos en sus mejillas bronceadas y bien
afeitadas. Eso es todo lo que vi antes de que las lágrimas
empañasen mis ojos, y luego tuve que calmarme y
acercarme a la sombra de un gran muro para recuperar la
compostura. La Disciplina no me había enseñado a lidiar
con algo así: abrazar a un muerto. Quizá significase que yo
también estaba muerto para el mundo cenobítico y había
pasado a una especie de otra vida. Cord, Yul, Gnel y
Sammann habían portado el féretro.
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