Page 838 - Anatema - Neal Stephenson
P. 838
Necesité un esfuerzo sobrehumano para recordar que
seguían ahí fuera, preguntándose qué pasaba.
En el Claustro había una fuentecita. Orolo me trajo un
cazo de agua. Nos sentamos a la sombra de la torre del
reloj mientras yo bebía. Sabía a azufre.
¿Por dónde empezar?
—Hay tantas cosas que te habría dicho, de haber podido,
cuando te expulsaban. Había tanto que quería decir en las
semanas siguientes. Pero…
—Todo quedó atrás.
—¿Disculpa?
—Esas cosas quedan atrás y mientras lo hacen cambian.
Tu mente las transforma… de forma que ya no es tan
necesario expresarlas. Está bien. Hablemos de lo reciente
e interesante.
—Vale. Tienes buen aspecto.
—Tú no. Espero que sean cicatrices ganadas con honor.
—La verdad es que no. Pero he aprendido mucho. —No
tenía ganas de contarle la historia. Durante unos minutos
hablamos de tonterías hasta que los dos comprendimos
que era ridículo. Luego nos pusimos en pie y paseamos.
Un fra, si ése es el término adecuado para alguien que vive
en un cenobio que no es un cenobio, me trajo un paño y un
cordón, que cambié por mis ropas seculares. A
continuación Orolo me alejó del Claustro siguiendo un
camino ancho, castigado por incontables pies con
sandalias y ruedas de carretillas, hasta el borde de un pozo
838

