Page 836 - Anatema - Neal Stephenson
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Esperé.  Tras  un  rato  me  giré,  saludé  a  mis  amigos  y


          ejecuté un claro encogimiento de hombros. Me resultaba

          extrañamente  difícil  volver  a  conectar  con  ellos,  incluso

          mediante un gesto tan simple, después de haber mirado al


          otro  lado  de  un  cenobio.  Unos  minutos  antes  me  había

          despedido  de ellos como si fuese a almorzar. Pero bien

          podía ser que yo acabase pasando allí el resto de mi vida.


            La abertura otra vez.

            —Di lo que buscas, tú que te haces llamar fra Erasmas —

          dijo en orto un hombre.


            —Fra  Jad,  Milenario,  deseaba  conocer  la  opinión  de

          Orolo sobre ciertas cuestiones y me envió en su busca.


            —¿Orolo el expulsado?

            —El mismo.

            —Uno para el que ha sonado el Anatema ya jamás podrá


          volver a entrar en un cenobio —dijo el hombre—. Y ya

          puestos, uno al que han Evocado, y enviado al Convox de


          Tredegarh, no puede presentarse de pronto en un cenobio

          diferente situado al otro lado del mundo.

            Ya había sospechado esa respuesta antes de llegar a Ecba.


          Ciertas  pistas  habían  reforzado  mi  hipótesis.  Pero,

          curiosamente,  para  mí  la  prueba  definitiva  fue  la

          arquitectura de aquel lugar. Allí no había concesiones al


          estilo cenobítico.

            —El enigma que me propones es difícil —admití—. Sin

          embargo, tras la reflexión la respuesta es bien sencilla.


            —Vaya. ¿Y cuál es la respuesta?



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