Page 887 - Anatema - Neal Stephenson
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tuviesen  el  sentido  común  de  soltarlas  si  se  sentían


          arrastrados hacia el borde. Pero el paracaídas no era tan

          pesado como para provocar esos problemas. Una vez que

          toda la tela superó el borde y los orithenanos se espaciaron


          de  forma  equidistante  a  su  alrededor,  la  cosa  se  volvió

          bastante manejable. El paracaídas cubría como la mitad

          del área del pozo. A esas alturas los orithenanos habían


          entendido la idea, que era sostener el paracaídas sobre la

          plaza del Teglón como cobertura. Empezaron a moverse

          en masa, ajustando posición y altitud sin que yo tuviese


          que  decir  nada  más.  Cuando  pareció  correctamente

          situado, corrí alrededor pidiendo a todos que se alejaran


          todo lo posible del agujero tirando de las cuerdas y que

          luego  las  ataran  a  cualquier  anclaje  sólido  que

          encontrasen. Para un tercio de ellos, ese anclaje resultó ser


          la  parte  superior  del  muro  exterior  del  concento.  Otras

          cuerdas acabaron atadas a árboles, columnas del Claustro,


          caballetes, piedras o palos clavados en el suelo.

            Oí un motor, miré hacia el inicio de la rampa y vi que Yul

          llevaba con cautela su casa sobre ruedas al fondo del pozo.


          Supuse que sería para preparar mejor el desayuno de los

          Geómetras.  Corrí  y  me  metí  en  la  cabina  con  él.  Eso

          provocó  una  rebelión  entre  los  orithenanos,  que,


          desobedeciendo la orden de Landasher, nos siguieron a

          pie.

            Yul y yo recorrimos la rampa en silencio. Tenía cara de


          estar  al  borde  de  la  risa  histérica.  Cuando  llegamos  al



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