Page 888 - Anatema - Neal Stephenson
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fondo, aparcó entre las ruinas del templo, justo al lado del
analema. Apagó el motor. Se volvió para mirarme y por
fin rompió el silencio.
—No sé cómo va a acabar esto —dijo—, pero la verdad
es que me alegro mucho de haberte acompañado.
Y, antes de que yo pudiese decirle lo mucho que
agradecía su compañía, salió por la puerta y corrió a
reunirse con Cord.
Era difícil aproximarse por el calor que emanaba de la
parte inferior del vehículo. Yul regresó a su transbor y
volvió con mantas reflectantes de emergencia. Cord, Orolo
y yo las usamos como protección. Gran parte del vehículo
estaba sobre nuestras cabezas, así que pedimos escaleras.
Antes me había sido difícil estimar el tamaño del objeto,
pero con una vara de medir de la excavación medí unos
veinte pies de diámetro. Yo no había llevado nada con lo
que escribir, pero Sammann usaba su cismex en modo
motucaptor, registrándolo todo, así que le grité los
números.
Se acercó un helicóptero. Podíamos oírlo a través de la
cubierta. Dio varias vueltas al complejo, creando enormes
y llamativas alteraciones en la cubierta por el aire que
enviaba hacia abajo. Luego se retiró a más altitud y se
quedó allí. No podía aterrizar por culpa del paracaídas.
Toda la tierra entre los muros estaba edificada o cultivada
con árboles y espalderas. Tenían que aterrizar fuera y
llamar a la puerta, o trepar por los muros.
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