Page 912 - Anatema - Neal Stephenson
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comportamiento de la aeronave dejaba bien clara la
respuesta: los motores rugían al máximo sin lograr subir
más rápido de lo que un hombre trepa por una escalera,
dejando atrás una granizada de objetos pequeños que la
gente podía desechar. Una linterna me dio en la nuca y
cayó al suelo; la atrapé y la lancé fuera.
Casi golpeó a una figura con paño que corría. Las luces
del transbor de Gnel la iluminaban dramáticamente por
detrás. Cargaba con algo muy pesado… de un azul claro.
El cuerpo de la Geómetra, olvidado y abandonado en la
parte posterior del transbor de Gnel. El hombre corría
directamente hacia la única aeronave que seguía en el
suelo. Los brazos asomaban por la puerta. El corredor
ejecutó un único y potente esfuerzo, plantó ambos pies en
el polvo bajo la aeronave y lanzó el cuerpo de la Geómetra.
Las manos lo atraparon y lo subieron a bordo. El soldado
de la puerta enseñó los dientes mientras gritaba algo al
micrófono. La aeronave se elevó, dejando atrás al hombre
que había entregado a la Geómetra muerta. Me volví a
mirarle, y vi lo que había esperado y había temido: era
Orolo, solo a las puertas de Orithena.
La nave había alcanzado la altitud suficiente para que yo
pudiese ver por encima de los muros y edificios del
concento, montaña arriba, lo que se avecinaba. Se parecía
mucho a lo que fra Haligastreme nos había descrito a
partir de textos antiguos: pesado como una piedra, fluido
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