Page 908 - Anatema - Neal Stephenson
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—Por tanto, ¿crees que fra Jad me envió aquí para
descubrir si tú lo sabías?
—Eso sospecho, sí —dijo Orolo—. En circunstancias
normales, podrían haberme simplemente tendido la mano
y llevado al cenobio centenario o milenario, pero.. —
Volvía a mirar al cielo—. ¡Ah, aquí llega! —exclamó,
encantado, como si hubiésemos estado esperando el tren
y acabase de verlo entrar en la estación.
Una raya blanca dividió el cielo por la mitad, de oeste a
este, y acabó, sin perder velocidad, en la caldera del
volcán, que se encontraba a unos pocos miles de pies sobre
nuestras cabezas.
Un momento antes de que nos llegase el sonido, Orolo
comentó:
—Inteligente. No confían en su puntería como para
acertar directamente la sonda. Pero saben lo suficiente de
geología para…
Después, durante media hora ya no pude oír nada más.
La audición se volvió peor que inútil; lamenté haber
nacido con orejas.
Fra Haligastreme nos había enseñado algunos términos
geológicos que procederé a emplear aquí. Puedo
imaginarme a Cord agitando la cabeza con desesperación,
reprochándome el uso de un lenguaje técnico y árido en
lugar de escribir la verdad emocional. Pero la verdad
emocional era el caos negro de la conmoción y el miedo, y
la única forma de contar lo sucedido de forma razonable
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