Page 917 - Anatema - Neal Stephenson
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na oleada de luz lechosa llegaba de los bosques y las
U
zonas verdes para luego transformarse en una neblina
pegajosa. Era un día sin amanecer. Las ventanas de la
aeronave se habían cubierto con una red de diminutas
fracturas con un millón de bordes que pulverizaban la luz
en extraños colores. Yo lo veía por el visor de un traje
hermético. En el asiento de al lado había una maleta
naranja que respiraba y palpitaba como un torso, matando
lo que saliese de mí. Los avotos y los Panjandrumes
convocados desde todo Arbre para el Convox eran
demasiado importantes para correr el riesgo de infectarse
con gérmenes alienígenas, así que yo viviría en una
burbuja hasta nuevo aviso.
Eso no tenía sentido. ¿Para qué llevarme a Tredegarh si
existía el más mínimo riesgo? En ningún diálogo entre
personas racionales hubiese podido llegarse a la
conclusión de que yo debía ser llevado allí… pero sólo con
un traje hermético. Pero, como había dicho Orolo, el
Convox era un instrumento político y se tomaban
decisiones por compromiso. Y sucedía continuamente
que, entre dos alternativas perfectamente racionales,
llegar a un compromiso era hacer algo que no tenía el más
mínimo sentido.
Así que mi primera impresión del Precipicio fue a través
de varias capas de poli empañado, arañado y rajado, y
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