Page 913 - Anatema - Neal Stephenson
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como el agua, caliente como una fragua y rápido como un
tren bala.
—¡No! —grité—. ¡Tenemos que volver! —No me oían,
pero un soldado que estaba detrás de mí leyó mi expresión
y me vio mirar hacia la cabina. Con calma alzó su arma y
me plantó el cañón en el centro de la frente.
Mi siguiente idea fue: «¿Tengo el valor de saltar para que
Orolo pueda ocupar mi lugar?» Pero sabía que no bajarían
a recogerle. No quedaba tiempo.
Orolo miraba con curiosidad a su alrededor. Casi parecía
aburrido. Se trasladó a una posición desde donde podía
mirar sin problemas a través de las puertas abiertas para
ver lo que se le venía encima. Creo que estimó cuántos
segundos le quedaban. Recogió una herramienta de jardín
que habían dejado por allí y empleó el mango para trazar
un arco sobre la tierra suelta. Se volvió, una y otra vez,
uniendo un arco al siguiente, hasta haber completado la
elegante e interminable curva del analema. Luego lanzó la
herramienta lejos y se colocó en el centro, enfrentándose a
su destino.
Los edificios del concento estallaron incluso antes de que
la nube reluciente los alcanzase, porque la avalancha
empujaba por delante una onda invisible de presión. En
unos pocos segundos la destrucción atravesó todo el
concento y golpeó los muros, que se doblaron, se
fracturaron y soltaron algunos bloques, pero resistieron.
Hasta que la nube reluciente los golpeó con toda su
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