Page 914 - Anatema - Neal Stephenson
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potencia. A continuación se desmoronaron como un
castillo de arena frente a las olas.
—¡No! —grité una vez más al ver a Orolo consumirse
bajo la onda de presión. Cayó al suelo como una madeja
de cuerdas. Durante un momento quedó envuelto en
humo: un calor inmenso se anunciaba, heraldo de la nube
reluciente. Nuestra aeronave se agitó y se desplazó de lado
por la presión. La nube surgió por las puertas, saltó sobre
los restos de las murallas y cayó sobre Orolo. Durante una
fracción de segundo Orolo fue una flor de llamas amarillas
en medio de un río de luz, y luego se fundió con ella. De
lo que él había sido sólo quedó un penacho de vapor
retorciéndose sobre el torrente de fuego.
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