Page 919 - Anatema - Neal Stephenson
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similares habían fluido alrededor de Tredegarh, pero, aun
así, la gente del mundo cenobítico insistía en considerarlo
un retiro campestre. Sin embargo aterrizamos en un
aeródromo ajetreado a no más de media hora de su Puerta
de Día, y en el camino de ida comprobé que lo que yo
había identificado como árboles eran en realidad
arboretums, y que los pastos eran en realidad jardines
para el disfrute de los seculares que vivían en grandes
casas antiguas en las lindes del bosque.
La Puerta de Día era tan alta que no me di cuenta de que
la habíamos atravesado. Un camino de piedra roja con
incrustaciones, tan ancho como para permitir el paso de
dos mobes en paralelo, giraba a la derecha y pasaba un
enorme edificio cenobítico que yo tomé por la Seo. Pero no
era más que su zona médica, y la carretera roja era una
señal para pacientes analfabetos y sus visitantes. A mí me
llevaban en un carro motorizado, dado que la maleta que
tenía pegada era complicada de cargar. Mi conductor
tomó la carretera roja y se apartó para esquivar a un viejo
paciente al que sacaban de paseo en una silla de ruedas
cargada de bolsas de goteo y equipos de medición.
Pasamos un arco y, tras dejar la carretera roja, entramos en
una vía de servicio. Bajamos por largas hileras de
habitaciones frías con mesas de metal y siniestros
elementos de fontanería para luego subir una rampa y
llegar a un patio. Aunque era más o menos del mismo
tamaño que el Claustro de Sante Edhar, parecía más
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