Page 918 - Anatema - Neal Stephenson
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millas de niebla: humo, vapor o polvo, no sabía bien. Los
poetas que hablaban de ese lugar por lo visto siempre
veían el Precipicio al amanecer o durante la puesta de sol
tras un día espléndido, y les gustaba preguntarse a qué se
dedicaban los Milésimos en sus torres. No debían de saber,
o quizás eran tan discretos que no lo mencionaban, que el
granito de debajo estaba lleno de túneles para almacenar
residuos nucleares, y que su inviolabilidad no se debía a
la resistencia de sus muros ni al arrojo de sus defensores,
sino a un acuerdo entre el mundo cenobítico y el Poder
Secular. Me pregunté cómo sería un poema escrito por
alguien que viese el Precipicio como lo veía yo en aquel
momento, sabiendo lo que sabía. Un bufido de risa
empañó mi visor. Pero al desaparecer recuperé de nuevo
esa visión agreste, brumosa, casi incolora, y decidí que
hubiese podido ser un buen poema. El Precipicio daba la
impresión de ser mil años más antiguo que todo lo que
había en Ecba, y todo lo que me entorpecía la visión me
ofrecía la misma panorámica de la que hubiese disfrutado
un cosmógrafo mirando una nube de polvo por el
telescopio.
Tredegarh había sido construido algo más lejos de las
grandes ciudades de la Era Práxica que Muncoster y
Baritoe. Ese hecho y el aspecto escabroso del Precipicio le
habían dado fama de lugar aislado. Por supuesto, las
ciudades que rodeaban Muncoster y Baritoe habían caído
y habían sido reconstruidas docenas de veces; corrientes
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